Un centro de esports es, antes que nada, una obra arquitectónica. Los decibelios que salen por la puerta del local, el eco que rebota entre las torres de ventiladores, la conversación de dos casters que tropieza con el voice chat del equipo de al lado: todo eso es diseño. Y todo eso se puede calcular, medir y corregir antes de firmar el contrato de alquiler.
Esta publicación existe para los operadores que entienden que montar una sala LAN, una arena de esports o un estudio de streaming no es comprar ordenadores y enchufarlos a la corriente. Es acondicionar un espacio comercial para que un jugador profesional rinda, para que un streamer grabe sin eco y para que el vecino del tercero no llame a la policía el viernes por la noche.
Escribimos sobre normativa RD 1367/2007, sobre tratamiento TR60, sobre cabinas insonorizadas modulares, sobre planos de zonificación y sobre casos reales que han pasado del papel al éxito comercial. Sin lenguaje pseudo-técnico. Sin marketing. Sin neón.